Efecto costumbre
Recuerdo que cuando era niño me fui de viaje con mis padres a Haro, un pueblo de Logroño. Dejé una botella de agua en el coche toda la noche. Al dia siguiente, cuando monté en el coche otra vez, cogí la botella de agua.
(Inciso explicativo) Yo vivo en el Sureste español, aquí, si dejas las botellas de agua en el coche y al día siguiente la coges a media mañana, lo más lógico es que esté caliente, y que solo sirva para hacer té. Esto es debido a que hace mucho calor (por lo general) y la botella se calienta mucho haciéndola inservible. Entonces, subconsciente me decía que ese agua iba a estar calentuja (/Cierre del inciso explicativo).
La acerqué a mis labios, y cuando el agua rozó mi piel, una extraña sensación desbordó mi ser. Yo esperaba agua caliente (por costumbre) y a cambio bebí agua fría (por temperatura). Me puse a pensar mucho tiempo en este tipo de percepciones, en lo que estás acostumbrado a que te pase por costumbre y lo que te pasa a veces por otros factores.
Ahora os explico la historia que me ocurrió recientemente para que entendais mejor el efecto al que me refiero. Hace muy poco tiempo me apunté al Gimnasio. Yo lo hice para hacer amigos, pero ahí te hacen hacen correr y esas cosas. Amigos no he hecho muchos, de hecho ninguno, pero correr si que he corrido. Alli es donde tuve mi primera experiencia con una cinta de correr. Enciendo la máquina, le introduzco el tiempo, y poco a poco le voy aumentando la velocidad. Corro y corro. Una sensación extraña porque corres rápido pero nada se mueve. El tiempo pasa y le vas cogiendo el truquillo. Ya corres como un profesional. Allí, subido en la máquina mientras va pasando la gente por delante de ti. Ya estás integrado. Ya no te acuerdas ni siquiera de que es una máquina.
Como estoy acostumbrado a correr al aire libre, lo que viene a continuación hay que entenderlo. Allí distraído me suelto un pedo de los buenos, pero como iba corriendo, pues quedaría atrás. Sigo corriendo tan contento y de repente empieza a subir el olorcillo. Pufff… me ahogo y no se me ocurre otra cosa que correr más. Aumento la velocidad pero aquello no se quedaba atrás para nada, por más que corriera. Me lo tuve que comer yo solito, nada de dejárselo al que venía detrás, porque no avanzaba. El efecto costumbre, correr y dejar el pedo atrás, respirando aire limpio siempre. Me di cuenta de que estaba sufriendo el efecto costumbre. No pasa nada. Seguí corriendo.
Y esto es lo que yo llamo el efecto costumbre, cuando estás acostumbrado a que algo pase, pasa algo diferente y te sorprendes. ¿Lo peor de todo sabeis lo que es? que al rato se me olvidó y me volví a tirar otro pedo.
