El síndrome del pollito rosa
De pequeño mi madre vino un día a casa. En sus manos traía una caja. Dentro de ésta, algo vivo se movía. Dos pollitos. Uno era rosa y otro lila. Mi hermana eligió rosa. Yo me quedé con el lila.
Los dos pollitos vivian en la misma caja pollitamente felices. Un día, el pollito rosa comenzó a picar al pollito lila. Le picaba en la patita. Le hacía daño y sufría. Mi pollito lila no hacía nada porque era un pollito bueno. El pollito rosa seguía picando sin descanso.
Un dia, mi pollito lila falleció tristemente después de soportar todos los picotazos. El pollito rosa seguía picándole incluso después de muerto. Tiramos al pollito lila a su tumba de deshechos. Ni siquiera recibió un funeral digno. El pollito rosa se quedó solo durante dos largos días. Ya no piaba. Estaba triste y se limitaba a quedarse en una esquina. Le pusimos un dibujo del pollito lila, pero no fue lo mismo. Al amanecer del tercer dia apareció muerto. Había muerto de pena. Nunca lo superó.
Y ese es el síndrome del pollito rosa, picar y picar hasta que haces mucho daño y matas al pollito lila y luego te mueres de pena.
