Sentarse como en casa
Pon tu nombre en el registro de la propiedad. Paga la hipoteca. Compra los muebles. Limpiala. Pon tu nombre en el buzón con letras bien bonitas. Haz copias de las llaves. Cambia la dirección en el banco. Ponle alfombras. Haz lo que quieras, lo que realmente te apetezca. Pero una casa nunca será TU casa hasta que no puedas ir al aseo, sentarte en el váter y hacerlo tranquilamente. Sólo en ese momento, en ese preciso momento, ese se convertirá en tu hogar.
Antes del ritual, podrías haber vivido ahí, pero no era tu casa.
