Llámalo como quieras. Yo lo llamo esputo.
Avanzo hacia delante mientras se remueve sin reticencias el barro que piso. El sol sigue saliendo de día, aunque eso no quita que haya días en los que la corriente del río vaya de culo y cuesta arriba. El coche huye a toda pastilla de los semáforos azules en del fondo del mar. La montaña baja a tomarse unas cañitas al bar de la esquina y eso está bien, pero su amigo el caracol se deja los cortados por pagar.
No cierres el agujero de la chimenea, que por algún lado tendremos que esputar nuestros sentimientos. Para siempre se queda el suelo boca abajo mirando al horizonte. Resucita el tronco del árbol que nació en lo alto de un grano de arroz chino frito. Un brote de agua fresca sale sin piedad de mi alma en forma de rayito de oscuridad fluorescente. Y mientras tanto, mi abstinencia ronca la siesta encerrada en la caja de ahorros de mis emociones.
Perdona mis letras, pero por algo me llaman el hombre sin filtro. Gracias a todos los que seguís leyendo… os prometo más promesas próximamente.
