FUNCIÓN REPEAT
Verano de horas frente a la ventana del patio de luces del edificio. Me he mudado a casa de mis padres, como todos los veranos desde hace 6 años. Misión: Acabar el proyecto de fin de carrera. He redistribuido mi habitación y he dispuesto el escritorio contra la ventana de la habitación que, casualmente, sale hacia el patio de luces del edificio (la galería). Trabajando, paso horas y horas frente a mi ordenador y éste, frente a la ventana del patio de luces.
La galería no es un sitio, es un ente con vida. Es un lugar de paredes de papel, que cuenta historias de vidas, que pega gritos a los niños, que ronca por las noches, que pone la tele a todo volumen, que es incapaz de quitar funciones del equipo de música, que hace el amor a todo volumen…
Poco a poco, iré presentando a personajes que os irán sonando de la misma manera que yo me he familiarizado con ellos. Inauguro hoy esta nueva sección que espero sea divertida para vosotros que la leéis. Se podía escribir un blog entero de esto, pero voy un poquillo ocupado con mis cosas, así que con una sección os satisfaré en la medida que me dejéis.
Hoy, en EL PATIO DE LUCES: Capítulo piloto: REPEAT
Sandra. Adolescente de unos 13 años. Le gusta la música. Da por sentado que al resto de vecinos también nos gusta, así que: ¡CAMELA PARA TODOS!
Pensamiento de Sandra: Camela me encanta. Voy a poner una canción a toda leche. Seguro que mis vecinos son mucho más felices así.
Enchufa el equipo de música. Busca un CD de Camela
Pensamiento de Sandra: ¿Qué CD pongo hoy? ¡El primero que tuvieron! Los clásicos siempre triunfan. Voy a ser la más amada de la comunidad de vecinos.
Presiona la tecla PLAY. La música comienza a sonar.
Pensamiento de Sandra: ¿Qué hora es? (mira el reloj) las 4 de la tarde. ¡Estupendo! La hora perfecta en la que no molesto a nadie. Es verano. Seguro que no hay nadie descansando.
Un ligero sonido se escucha por toda la casa. Sandra se va al salón a ver la tele.
Pensamiento de Sandra: ¡Qué buena es esta telenovela! No la escucho con la música. Voy a darle más volumen. (Sube el volumen de la tele).
5 minutos más tarde. Salón de la casa. Sandra parece recordar algo.
Pensamiento de Sandra: Un momento. La música casi no se escucha. Voy a darle más volumen.
Sandra se levanta del sillón del salón. Llega a la habitación en la otra punta de la casa donde suena el disco de CAMELA. El equipo de música tiene hasta 50 puntos de volumen.
Pensamiento de Sandra: Voy a ponerlo a 40. Tampoco hay que pasarse. (Mientras tanto, suena una canción que le gusta).
Equipo de música: “Por qué me has hecho daño, cuéntame, por qué me has engañado, quién es él…”
Pensamiento de Sandra: ¡Uy! Que canción más buena. Voy a darle a la tecla repeat. Seguro que a mis vecinos también les gusta escucharla varias veces. (En voz alta: “Si sabes que me muero por tu amor…”. Le voy a dar más volumen, que a lo mejor no lo escuchan bien. Lo pondré a 48. Soy súper buena vecina. Todos me querrán.
Sandra vuelve de nuevo al salón a ver la tele.
Pensamiento de Sandra: Mi labor por un mundo mejor ya está hecha. Como yo soy buena con el mundo, el mundo será bueno conmigo. Ya puedo retirarme a descansar. Mi trabajo aquí ha concluido.
Mientras Sandra se retira a ver la telenovela y dormir plácidamente la siesta, el equipo de música sigue sonando.
Camela.
En función repeat.
La misma canción una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
Durante horas y horas.
Y horas.
Y horas.
“¿Por qué me has engañado quién es él…?”.
La misma cancioncilla.
Se mete dentro de tu mente.
Ves las letras pasando por tus ojos como en el karaoke.
Te haces preguntas sobre la vida.
¿Saltar por la ventana?
¿Matar a la niña?
¿Matar a la madre que la deja sola?
La música sigue sonando.
Las mismas notas una y otra vez.
Cuando acaba, vuelve a empezar.
Cuando tu cuerpo se relaja y baja la guardia, vuelve la tensión y entra con más fuerza que antes.
Y el chico vuelve a preguntar: ¿Por qué me has engañado, quién es él? Y yo lo quisiera saber para darle respuestas porque a lo mejor, dándoselas ya no pregunta más.

no sé de qué me suena todo esto, se trata de modas pasajeras, volvía yo de Londres, después de haber estado aislada de la primera edición de operación triunfo con éxito. Llegan las navidades y la hija pródiga vuelve a casa, dos semanas en el hogar bastaron para aprenderme todo el repertorio de canciones de la primera edición de operación triunfo, una experiencia indescriptible.
Otro ejemplo, sábado por la tarde, también a todo volumen y a horas fantásticas que ayudan al relax y al buen rollo, vivo por ella de Andrea Bocceli y Márta Sánchez, toooooda la tarde viviendo por ella, yo casi quería asesinarla. La emoción se vive en el momento en el que acaba de sonar la canción por 10ª vez y dices, seguro que ahora se acaba… seguro que ahora se para… seguro que no vuelve a sonar… y ¡zas! empieza otra vez. Y conforme va subiendo el volumen de la música, se va acrecentando tu ira y las ganas de matar a la puñetera adolescente que se pasa tooooda la tarde escuchando una y otra vez la misma canción, quizás va siendo hora de regalarle un nuevo cd.
Solo me queda esperar que crezca y llegue el momento de estudiar para selectividad… o para los exámenes de la universidad (si la muchacha lo consigue) y ahí, ja, ja, ja (risa irónica) la venganza será terrible.
pd, gracias por actualizar.
Comment by Rok — July 14, 2008 @ 7:08 pm
yo tenía una vecina así, estupenda, maravillosa que madrugaba poco y andaba por la casa con los taconazos…. hasta que un día me fuí a trabajar “olvidandome” puesta la mini cadena con un cd que le pillé al hermano “bakala” de mi mejor amiga… chunda,chunda,chunda….
Comment by encubierta — July 15, 2008 @ 4:41 pm
Atanasio, tío, la solución está en tu disco duro:
Gigatrón “Te voy a petar el cacas”
Vs
Camela “¿Por qué me has engañado quién es él…?
Ten cuidado con la rotura de tímpanos por degradación ambiental y musical.
Ah! Y no lo subas de 40, es posible que unir ambas canciones a demasiada potencia cause algún tipo de desgracia radioactiva a la humanidad.
Comment by Xaviju — July 16, 2008 @ 9:34 am