Paracaidismo extremo
A ver si le damos vida a Carabotón. Dime qué opinas.

A ver si le damos vida a Carabotón. Dime qué opinas.

Golpeo las teclas de mi teclado con fuerza. ¡Clack! ¡Clack! Otra palabra más en el Trabajo Final de carrera. Mientras, el sudor de mis manos se desprende por entre el plástico ennegrecido. Una gota se descuelga frente abajo hacia mi nariz. ¡Plas! Cae en la mesa de escritorio. Cuando más golpeo, más fuerte se escuchan sus quejidos. ¡Clack! ¡Clack! Y de repente… la tragedia. El desastre en el teclado. ¡La revolución de los ordenadores! Una tecla se sale de su sitio y me ataca. Otras, le siguen. Cual adoquines en una calle del centro histórico, una vez ha salido la primera, el resto salta fácilmente. ¡Plás! Una tecla me da en el ojo. ¡Pum! Otra liberada. "¡A las barricadas!"-gritan. Paradojas de la vida, solo quedan en mi teclado las bienqueridas F1 y Ctrl: ayuda y control.. ¿Qué pasa aquí? El milenarismo va a llegar.
PD: Escribo con el reconocimiento de voz. Menudo invento este que nunca funcionó. Y las teclas piden un aumento de sueldo o dicen que no vuelven. Sobre todo, la que más salta es la del +*], que salta porque los de PC CITY nunca la arreglaron de verdad.
Mi madre y yo nos ponemos a cocinar tomate frito y cuando ya lo tenemos casi hecho, nos damos cuenta de que no hay pan para mojar en el tomate. Cojo mi cartera y bajo en un momento a la panadería de la esquina.
Una vez dentro de la panadería, la panadera me pregunta: “¿Qué quieres?”
Yo: “Pan”.
Panadera: “Ya, pero ¿qué clase de pan?”
Yo: “No lo se. Pan para mojar con tomate frito”.
Panadera: "Pues dime qué clase de pan quieres".
Yo: "Recomiéndame".
Panadera: “No se. ¿Cómo te recomiendo pan?”
Yo: “A ver, te lo pongo más fácil. Necesito que el pan tenga miga para que absorba mejor el tomate”.
Panadera: "Dime una clase de pan, Atanasio, no me marees".
Yo: "¿Marearte? Ni mucho menos. Te lo digo completamente en serio. Tú eres la experta. Deberías saber recomendar clases de pan. Cuando vas a un restaurante y pides una clase de pescado, el Maître te recomienda entre una variedad de vinos adecuados para la clase de pescado que estás comiendo, y no te dejan que mezcles el pescado con otra gran variedad. Recomiéndame un pan adecuado para la clase de comida que te he dicho, ¿no?"
Panadera: (riendo) "¿Entonces?"
Yo: "Una barra normal, por favor".
La gente no me toma en serio, pero seguro que esa profesión tendría éxito. Ten en cuenta que en España se consume mucho más pan que vino. Hay muchísimos catadores de vino, pero ninguno de pan. Si algun dia os quedais sin trabajo, aquí teneis una idea innovadora.
Verano de horas frente a la ventana del patio de luces del edificio. Me he mudado a casa de mis padres, como todos los veranos desde hace 6 años. Misión: Acabar el proyecto de fin de carrera. He redistribuido mi habitación y he dispuesto el escritorio contra la ventana de la habitación que, casualmente, sale hacia el patio de luces del edificio (la galería). Trabajando, paso horas y horas frente a mi ordenador y éste, frente a la ventana del patio de luces.
La galería no es un sitio, es un ente con vida. Es un lugar de paredes de papel, que cuenta historias de vidas, que pega gritos a los niños, que ronca por las noches, que pone la tele a todo volumen, que es incapaz de quitar funciones del equipo de música, que hace el amor a todo volumen…
Poco a poco, iré presentando a personajes que os irán sonando de la misma manera que yo me he familiarizado con ellos. Inauguro hoy esta nueva sección que espero sea divertida para vosotros que la leéis. Se podía escribir un blog entero de esto, pero voy un poquillo ocupado con mis cosas, así que con una sección os satisfaré en la medida que me dejéis.
Hoy, en EL PATIO DE LUCES: Capítulo piloto: REPEAT
Sandra. Adolescente de unos 13 años. Le gusta la música. Da por sentado que al resto de vecinos también nos gusta, así que: ¡CAMELA PARA TODOS!
Pensamiento de Sandra: Camela me encanta. Voy a poner una canción a toda leche. Seguro que mis vecinos son mucho más felices así.
Enchufa el equipo de música. Busca un CD de Camela
Pensamiento de Sandra: ¿Qué CD pongo hoy? ¡El primero que tuvieron! Los clásicos siempre triunfan. Voy a ser la más amada de la comunidad de vecinos.
Presiona la tecla PLAY. La música comienza a sonar.
Pensamiento de Sandra: ¿Qué hora es? (mira el reloj) las 4 de la tarde. ¡Estupendo! La hora perfecta en la que no molesto a nadie. Es verano. Seguro que no hay nadie descansando.
Un ligero sonido se escucha por toda la casa. Sandra se va al salón a ver la tele.
Pensamiento de Sandra: ¡Qué buena es esta telenovela! No la escucho con la música. Voy a darle más volumen. (Sube el volumen de la tele).
5 minutos más tarde. Salón de la casa. Sandra parece recordar algo.
Pensamiento de Sandra: Un momento. La música casi no se escucha. Voy a darle más volumen.
Sandra se levanta del sillón del salón. Llega a la habitación en la otra punta de la casa donde suena el disco de CAMELA. El equipo de música tiene hasta 50 puntos de volumen.
Pensamiento de Sandra: Voy a ponerlo a 40. Tampoco hay que pasarse. (Mientras tanto, suena una canción que le gusta).
Equipo de música: “Por qué me has hecho daño, cuéntame, por qué me has engañado, quién es él…”
Pensamiento de Sandra: ¡Uy! Que canción más buena. Voy a darle a la tecla repeat. Seguro que a mis vecinos también les gusta escucharla varias veces. (En voz alta: “Si sabes que me muero por tu amor…”. Le voy a dar más volumen, que a lo mejor no lo escuchan bien. Lo pondré a 48. Soy súper buena vecina. Todos me querrán.
Sandra vuelve de nuevo al salón a ver la tele.
Pensamiento de Sandra: Mi labor por un mundo mejor ya está hecha. Como yo soy buena con el mundo, el mundo será bueno conmigo. Ya puedo retirarme a descansar. Mi trabajo aquí ha concluido.
Mientras Sandra se retira a ver la telenovela y dormir plácidamente la siesta, el equipo de música sigue sonando.
Camela.
En función repeat.
La misma canción una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
Durante horas y horas.
Y horas.
Y horas.
“¿Por qué me has engañado quién es él…?”.
La misma cancioncilla.
Se mete dentro de tu mente.
Ves las letras pasando por tus ojos como en el karaoke.
Te haces preguntas sobre la vida.
¿Saltar por la ventana?
¿Matar a la niña?
¿Matar a la madre que la deja sola?
La música sigue sonando.
Las mismas notas una y otra vez.
Cuando acaba, vuelve a empezar.
Cuando tu cuerpo se relaja y baja la guardia, vuelve la tensión y entra con más fuerza que antes.
Y el chico vuelve a preguntar: ¿Por qué me has engañado, quién es él? Y yo lo quisiera saber para darle respuestas porque a lo mejor, dándoselas ya no pregunta más.
2700 km. Amanezco en Alicante. Atardezco en la otra punta de la península Ibérica. Cuesta creer que los romanos la invadieran entera. Ancha es castilla… ¡y tan ancha! Zamora, ciudad preciosa, tapando la primera y la última letra, queda esperanza de futuro. Restaurantes de carretera.
Yo: Perdón, ¿para comer?
Camarero: ¿Cuántos sois?
Yo: Miro a mi alrededor y sigo viéndome a mi conmigo y otro más, que parece ser el camarero que me preguntaba en un primer instante. Yo.
Camarero: Cara de desconcierto, de pena, de bicho raro. ¿Uno solo?
Yo: ¿Uno solo no puede tener hambre?
Sigo mi viaje. El navegador me introduce por paisajes preciosos. Tengo tiempo. Disfruto del paisaje. Saco un acuarius de mi nevera y lo engullo. Hablo con los nativos. Hago amigos de una cerveza en una terraza en una noche.
Buenos recuerdos. Muchas tapas. Mucha comida. Y un patito de goma que me trajo memorias de tiempos atrás de los actuales.
Recuerdo un bonito momento. Deambulaba por una fría, gris, oscura, gran ciudad y escurriéndose por el río, fluían miles de patitos de goma. Me traslado al momento en el que los ví flotar. Sin rumbo. Algunos de ellos están amontonados contra una escalera que ascendía a la carretera. Quizá intentan salir, ir a bañeras limpias de niños de olor a nenuco. Pero siguen su camino de agua y contaminación. Río abajo, aunque ellos se dejen llevar. El río les contaba historias y ellos les siguen la corriente para no hacerles un feo. Los patitos feos de goma, son aún más raros, eso lo saben todos los patitos del mundo. Todos son amarillos.
Algunos intentan “patinar”, pero patinar es lo que hacen los patitos mayores, porque un patito con patines, es el pato que tiene hijos, y no todos están por la labor. Patinar en una relación de patos puede ser peligroso, es como pitufar en el lenguaje de los pitufos, que pueden pitufar toda la noche. No obstante, como son de goma, pues llevan protección incorporada, algo muy práctico en relaciones con mala pata.
Una pata muy fea pasó por delante de un grupo de patitos obreros ¡Que mala pata! – gritaron. Los patitos de goma, lo que quieren es una patita de pata negra. Eso demuestra que, entre patitos de goma, no hay racismo, pues seguramente esta patita, también sea negra. Recuerdo una pata negra vendiendo y exaltando las virtudes de su hija en el mercado a su hija entre las amigas patas y diciéndoles: “¡Mi hija es de pata negra, oiga!”
Más complicado lo tienen los patos patosos. No harán otra cosa que pensar en no meter la pata… o quizá sí, ¿quién sabe qué puede significar eso de meter la pata en el lenguaje de los patitos? El colmo de los patitos de goma, sería andar descalzo por la casa, y darle una patada a la pata de la silla con el dedo pequeño de la pata del patito. ¡Que dolor!, ¡que lo manden al patíbulo!
Y cuando los patos hacen el tonto, ¿hacen el ganso? “Mira, otro pato que hace el ganso”. Por no hablar de lo grosero que suena que un pato se rompa una pata… incluso lo podrían meter a la cárcel por violador.
En el lenguaje humano, cuando un chiquillo hace una travesura, hace una chiquillada. Cuando lo hacen los patos… ¿son patadas? Poneos en la situación del pobre patito en el colegio, maltratado por todos los patos (este si que podría ser el patito feo). Y que le hagan patadas. El patito en el despacho de los profesores sangrando, con un ojo colgando, todo lleno de moratones y los profesores hablando entre ellos: no te preocupes, patito, son patadas, es normal. Y en el recreo los profesores diciéndole al patito feo: “¡Patito! ¡Patito! Cómete el bocadillo de Fuagrás (o como quiera que se escriba)!” y el patito feo llorando mientras mira al bocadillo y gritando: “¡Mamá! ¡Dime algo, mamá!”
Todos los patitos del río llegarán a algún lugar, mejor aún, todos se encontrarán con un sitio y se quedarán, porque para llegar, hay que salir de otro sitio, y ellos no decidieron salir, no tuvieron que tomar esa decisión. Quizá los encuentren en un lugar donde los quieran. En un país donde no haya juguetes. Donde no haya bañeras.
Son misioneros. Enviados especiales a corazones solitarios e inhóspitos. Portadores del virus de la sonrisa. Infectando a millones de personas a las que un simple gesto pueda suponer la diferencia entre un día feliz y otro día.

Un abrazo a mi princesita patosa. Mil gracias por todo.
Ya he abandonado Gandia momentáneamente. Al menos durante este verano. Vuelvo a mi pueblo. Vivo con mis padres de nuevo. No supone un suplicio aunque se hará duro volver a dar explicaciones. Ayudo en casa y voy a comprar. Deambulo por Mercadona. Compro varias cosas que necesita mi madre para cocinar. Me encuentro la madre de una amiga. La saludo. Me retiene. Me pregunta por mi madre. Me cuenta que se llaman consuegras entre ellas, aunque mi amiga y yo nunca hemos tenido nada juntos, y se ríe. Me coge de la mano. Me mira a los ojos. Comenta.
Madre: ¿Sabes que mi hija está embarazada?
(Yo ya había hablado con mi amiga, su hija, y sabia más o menos de qué iba el tema).
Yo: Si, algo he oído.
Madre: (Fija su mirada todavía mas en mi mientras sonríe). No, creo que no te lo ha contado todo.
Yo: (Dudo extrañado)
Madre: Está de 6 meses.
Yo: (río a carcajadas). ¿Seis? ¡Pues se mantiene perfecta!
Madre: ¿Sabes qué es lo mejor?
Yo: No, ¿qué?
Madre: ¡Que tú eres el padre!
Yo: ¡¡¡JA!!! ¡Qué bien! ¡Me encanta saberlo! (Río sin cesar. Casi me salen las lágrimas por los ojitos).
Madre: Pero es que esta es la tercera vez que me la han embarazado.
Yo: ¿En serio? ¿Y qué ha hecho con los otros niños?
Madre: Pues no lo se. Debe haberlos escondido, tirado a la basura, o quizá sigan dentro de su cuerpo. ¿Quién sabe?
Yo: Y, por curiosidad, ¿cómo saben que soy yo el padre?
Madre: Pues porque como vives en Gandia, pues es que huiste para criar al resto de niños. Y ella, al no salir por el pueblo, pues va a visitarte todos los fines de semana. Se sacan conclusiones rápidamente.
Yo: Ah, y los tengo allí.
Madre: Pues seguramente.
Yo: ¿Y cómo se quedó embarazada?
Madre: Pues un día que fue a hacerse unos análisis de sangre y allí mismo me la embarazaron.
Yo: ¡Ostras!, con unos simples análisis. Si es que hay que tener cuidado! No se puede uno descuidar, que a la primera de cambio, ¡Pam! Una embarazada más.
Madre: Ya ves, solo por sacarse sangre. Si llega a ir a la farmacia… a lo mejor es que el niño tiene una malformación.
Yo: Seguramente. Pero no se preocupe. Que salga el niño como salga, yo me hago cargo de todos los gastos y del niño en si. Pero eso si, siempre que sean niños como este. De los otros, ya habrá tiempo para hablarlo.
Madre: (Ríe. Agacha la cabeza y vuelve a mirarme). Claro, eso lo tengo claro. Además, ahora que estamos hablando juntos, seguro que todo el mundo lo tiene claro también.
¡Hay dios! Los pueblos son súper divertidos a veces. Otras pueden destrozarle la vida a alguien que se los tome muy en serio. Rabia me da todo esto. Me gustaría conocer al que saca todas esas conclusiones. Seguro que tiene carrera en cotilleo y licenciatura en no hacer otra cosa que hablar de la gente.
"Soy innato de nacimiento".
"parque8659(arroba)gmail.com"
(no tengo dinero, pero por pedir...)
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