¡Todos a una!
Era una mañana de verano. Yo tenía bastantes menos años que ahora (Creo que andaba por el tercio de mi actual vida). Paseaba por el campo cuando vi algo que me llamó la atención. Mi tía me contó la historia que explicaba todo aquello:
Estaban los conejos en el campo. Vivian felices comiendo comida de conejos desectructurada en tetrabrick en un bar de conejos donde hacían menú especial para conejos, y rebajas para conejos estudiantes. Uno de ellos llegó al bar de conejos todo lleno de lo que venía a ser MIERDA de VACA.
Conejo enmierdado: (mientras ponía la pata sobre la mesa de un golpe— por cierto, por supuesto era una pata de la suerte). ¡Esto no puede seguir así! Las vacas nos están haciendo la vida imposible. ¡Vamos andando (de la forma que andan los conejos, claro) y sin darnos cuenta pisamos una de sus boñigas! Y ¡ala! Enmierdado hasta las orejas (orejas de conejo). Lo hablé con una de las vacas y pasó de mí.
Conejo al que le arruinaron la comida con tanta mierda: ¿Y qué propones? Nuestras cagaditas son muy pequeñas, y las vacas nunca se van a hundir en ellas.
Conejo enmierdado: Se me ocurre una cosa. ¡UNÁMONOS!
Conejo emparrado: Unámonos. ¡Qué gran filósofo y escritor!. ¿Para qué necesitamos un filósofo?
Conejo enmierdado: (mientras le caía una gota de sudor por la frente tipo dibujo manga). ¡No! ¡Lo que tenemos que hacer es unirnos!
De esta manera, los conejos hicieron la asociación conejil contra las vacas. Se pusieron todos de acuerdo y decidieron cagar sus caquitas de conejo todos juntos en el mismo sitio. Asi, cuando las vacas pisaran sus conguitillos, también se hundirían.
Y aquí queda la historia de por qué todos los conejos cagan juntos, es decir, en el mismo sitio. ¿Os ha gustado?
