Padre de un hijo que nunca verá la luz
Ya he abandonado Gandia momentáneamente. Al menos durante este verano. Vuelvo a mi pueblo. Vivo con mis padres de nuevo. No supone un suplicio aunque se hará duro volver a dar explicaciones. Ayudo en casa y voy a comprar. Deambulo por Mercadona. Compro varias cosas que necesita mi madre para cocinar. Me encuentro la madre de una amiga. La saludo. Me retiene. Me pregunta por mi madre. Me cuenta que se llaman consuegras entre ellas, aunque mi amiga y yo nunca hemos tenido nada juntos, y se ríe. Me coge de la mano. Me mira a los ojos. Comenta.
Madre: ¿Sabes que mi hija está embarazada?
(Yo ya había hablado con mi amiga, su hija, y sabia más o menos de qué iba el tema).
Yo: Si, algo he oído.
Madre: (Fija su mirada todavía mas en mi mientras sonríe). No, creo que no te lo ha contado todo.
Yo: (Dudo extrañado)
Madre: Está de 6 meses.
Yo: (río a carcajadas). ¿Seis? ¡Pues se mantiene perfecta!
Madre: ¿Sabes qué es lo mejor?
Yo: No, ¿qué?
Madre: ¡Que tú eres el padre!
Yo: ¡¡¡JA!!! ¡Qué bien! ¡Me encanta saberlo! (Río sin cesar. Casi me salen las lágrimas por los ojitos).
Madre: Pero es que esta es la tercera vez que me la han embarazado.
Yo: ¿En serio? ¿Y qué ha hecho con los otros niños?
Madre: Pues no lo se. Debe haberlos escondido, tirado a la basura, o quizá sigan dentro de su cuerpo. ¿Quién sabe?
Yo: Y, por curiosidad, ¿cómo saben que soy yo el padre?
Madre: Pues porque como vives en Gandia, pues es que huiste para criar al resto de niños. Y ella, al no salir por el pueblo, pues va a visitarte todos los fines de semana. Se sacan conclusiones rápidamente.
Yo: Ah, y los tengo allí.
Madre: Pues seguramente.
Yo: ¿Y cómo se quedó embarazada?
Madre: Pues un día que fue a hacerse unos análisis de sangre y allí mismo me la embarazaron.
Yo: ¡Ostras!, con unos simples análisis. Si es que hay que tener cuidado! No se puede uno descuidar, que a la primera de cambio, ¡Pam! Una embarazada más.
Madre: Ya ves, solo por sacarse sangre. Si llega a ir a la farmacia… a lo mejor es que el niño tiene una malformación.
Yo: Seguramente. Pero no se preocupe. Que salga el niño como salga, yo me hago cargo de todos los gastos y del niño en si. Pero eso si, siempre que sean niños como este. De los otros, ya habrá tiempo para hablarlo.
Madre: (Ríe. Agacha la cabeza y vuelve a mirarme). Claro, eso lo tengo claro. Además, ahora que estamos hablando juntos, seguro que todo el mundo lo tiene claro también.
¡Hay dios! Los pueblos son súper divertidos a veces. Otras pueden destrozarle la vida a alguien que se los tome muy en serio. Rabia me da todo esto. Me gustaría conocer al que saca todas esas conclusiones. Seguro que tiene carrera en cotilleo y licenciatura en no hacer otra cosa que hablar de la gente.